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Los beneficios de comer bichos

18/12/2019

 

El arte culinario peruano, en alianza con sus pueblos indígenas, se lanza a promover el consumo de insectos para ingerir más proteínas y dañar menos los ecosistemas

Con la habilidad propia de quien vive en medio del bosque amazónico, Melvin Amasifuen, un indígena de la etnia quechua-lamista acaba de partir, de un solo golpe de piedra, la fruta de una palmera denominada shapaja (Athalea phalerata). En medio de los restos medio astillados, de color marrón algo oscuro, de pronto emergen unos pequeños habitantes movedizos, de aspecto viscoso.

¿Alguien quiere probarlos?

 

Tienen un sabor dulce, que recuerda al del coco, y una consistencia delicada. Bajan por el paladar sin problemas, sin drama, suavemente.
Son ricos, al fin, con lo que desafían al sentido común urbanita que ve con asco la posibilidad de ingerir insectos. Amasifuen se come uno, y otras personas también.

Michel Sauvain, un químico farmacéutico francés, director de investigación del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo (IRD, por sus siglas en francés), insiste en la riqueza nutritiva de cualquier, digamos, bicho que pueda devorarse: “Tienen una cantidad de proteínas que son bastante saludables y un contenido de aminoácidos que es el que necesitamos”. Los indígenas peruanos  lo saben, y por eso los tienen en su mesa desde hace siglos.

Algunos gusanos tienen 65% de grasas, 31% de proteínas, 1.4% de fibras y 0% de carbohidratos. El suri, otra larva comestible que también vive en algunas especies de palmeras, tiene 46 % de grasas, 28% de proteínas, 4.5% de fibras y 19% de carbohidratos.

Curo, un bicho sostenible

Para ubicar al curo solo hay que estar atento a lo que la propia shapaja deja caer. “¡Era el bicho sostenible!”. Era y es ese insecto cuya mayor extracción, si se hiciera popular en las mesas, no provocaría impactos ambientales catastróficos.

No hay que deforestar y se encuentra disponible durante todo el año. No ocurre como con la siquisapa, que aparece mayormente en septiembre, después de que una tormenta ha soltado relámpagos, truenos y agua. O como el propio suri, al que es más fácil encontrar en la época seca de la Amazonía, que va desde mayo a noviembre aproximadamente.

Recogida de curo

Dice Michel Sauvain Es importante promover los insectos como parte de un ecosistema, no considerarlos únicamente como enemigos (vectores de enfermedades o depredadores de los cultivos). Son un parte esencial de la vida en la Tierra”, afirma. Dice también que las prácticas agroecológicas existentes, que implican la cría y el uso de insectos predadores de insectos considerados como plagas, permiten cultivar con un uso mínimo de pesticidas. De ese modo, se podría neutralizar la desaparición de insectos.

Y a la vez se lograría el equilibrio con el consumo de algunas especies.Comer insectos —enfatiza el científico— es conocerlos, amarlos y respetarlos. Es, además, importante promover su cría con fines comestibles.

En Camerún, por ejemplo, hay iniciativas para criar unas larvas semejantes al suri amazónico».

Hay un añadido más

Los insectos producen mucho menos gases de efecto invernadero.
Ejemplos:
-Una vaca, por cada 10 kilos de proteína, produce 1.500 kilos de emisiones,
un pollo 600, un insecto apenas 60.
-Algo similar pasa con el agua: para obtener un kilo de carne de vaca se necesita 15.000 litros de agua; para producir un kilo de harina de mosca soldado solo se necesitan 20 litros.

También, por supuesto, ocupan escaso espacio, no necesitan grandes instalaciones para vivi. Se pueden alimentar de residuos biológicos y, por si fuera poco, sirven para fabricar alimento concentrado para otros animales. En lugar de usar algunas especies de peces, que pueden consumirse directamente, para cebar ganado, se puede usar harina hecha de modestos insectos.

De allí que la FAO haya recomendado su consumo, para equilibrar la dieta humana, siempre y cuando se les obtenga preferentemente de bosques y no de tierras agrícolas contaminadas. Su consumo tiene pros y contras, claro, como señaló el Dr. Marc Dourojeanni en un artículo publicado en julio del 2013. Las langostas (que también son comestibles), advierte, pueden estar “abundantemente regadas con pesticidas”.

 

Fuentes:
elpais.es
hyperanimals.com

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